Piensa

La vida es corta para levantarnos por la mañana con tristezas, nadie dice que será fácil, sólo te puedo asegurar que valdrá la pena

domingo, 23 de julio de 2017

No te detengas



No te detengas

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

WALT WHITMAN (1819-1892)

lunes, 17 de julio de 2017

Cuando nada sucede


Cuando nada sucede,
la hierba no deja de crecer
en el jardín,
en dura competencia con las flores.
Hay un grifo que gotea
o se gesta una vida
en esa joven que sube en el ascensor.

La vida es un discurrir en silencio,
como ese sol que se eleva y alumbra
sin darse importancia
al igual que la brisa que peina tus cabellos
como si nada más importante sucediera.
Así también esa luna
que mengua y crece hasta llenarse
o esos cúmulos de algodón blanco
que se desplazan como leves bailarinas
del ballet del cielo.

Cuando nada sucede,
se encienden las farolas del jardín,
revolotean en su entorno unas mariposas blancas
y dos enamorados se están besando
como durmiendo el tiempo
y absolutamente nada sucediera.


Tomada del blog de Francisco Espada "Dias de aplomo"
Me encanta como escribe . Su poesía no es nada usual. Comunica muy bien

 Este es el enlace al poema:   Cuando nada sucede


martes, 11 de julio de 2017

Lirios


Lirio, iris ¿Es lo mismo? Para algunos si para otros no.
Me he interesado por este tema y buscado mucha información
Iris es un género de plantas bulbosas de la familia Iridaceae con vistosas flores, cuyo nombre deriva del latín arco iris, refiriéndose a la extensa variedad de colores florales que poseen sus muchas especies y cultivares de jardín. Además de nombre botánico del género, iris es comúnmente usado para referirse a todas las especies, así como a otros varios géneros estrechamente emparentados y a una subdivisión dentro del género. (Wikipedia)

Luego están las especies de Lilium, comúnmente llamadas azucenas o lirios, constituyen un género con alrededor de 110 integrantes que se incluye dentro de la familia de las liliáceas.
(Wikipedia)

Lo que sí está claro que en general a los iris se les llama lirios en muchos sitios del Planeta y de ahí la confusión. El morado es iris germánica que también se llama lirio común
(Lirio azul, Lirio cárdeno, Lirio común, Lirio morado, Lirio Pascual, Lirio barbado, son iris)
Iris es el género de los lirios. El nombre científico de los seres vivos se compone de dos palabras: género y especie
El lirio más común en España es el Iris germánica, es decir del genero iris de la especie germánica, pero hay otros muchos tipo de lirios o de iris.

En el lenguaje de las flores, los lirios son un símbolo de amor.


Lirios blancos: corazón tierno, te quiero y confío en ti.

Lirios azules: amor tierno. Significan buenas noticias.

Lirios amarillos: amarte me hace feliz.

Lirios malvas: tus ojos me enloquecen. Deseo de seducir a la persona amada.

Lirios rojos: amor ardiente.

Lirios naranjas: ardo de amor por ti.

lunes, 3 de julio de 2017

Celos y envidia


Celos, envidia, sentimientos profundos de inconciencia que nos arrastran a un infierno repetido, a experimentar miedo e inseguridad.
“Miedo de que me dejes por otra o por otro, miedo de que alguien te quiera más que a mí”.
Celos que se traducen en dominio, posesión, en un coraje permanente.

“Me lastima saber que te hablo alguien y no me hablo a mí; me duele, me corroe el alma, que seas feliz sin mí, tengo celos hasta de un niño, una niña, porque le dedicas más tiempo que a mí. Celos de que no compartes todo conmigo; quisiera tenerte atrapado entre mis manos y no dejarte ni siquiera respirar”.
Decía Shakespeare: “Los celos son el monstruo de ojos verdes que se nutre de sí mismo”.
Con esto nos dice que los celos te destruyen primero a ti y a todo lo que tocas, pues te convierte en una persona posesiva, dominante, insegura, siempre haciendo berrinches, dañando, lastimando a los demás.
Muchas veces, frente a la persona celosa, posesiva, se tienen que callar los méritos o los proyectos, porque en su mente enferma o distorsionada está pensando:
 “¿Cómo puede si no es por mí? ¿Cómo puede ser algo o alguien más importante que yo?”.

Ante estas circunstancias viene la rabieta, el berrinche, las ofensas, las agresiones; lo importante es mortificar, causar lastimas, evitar a toda costa que alguien pueda ser feliz ¡Sin mí!
Celos, veneno del alma, condena del corazón; se nutren de la envidia, la envidia que es un pesar por el bien ajeno; no importa si esa persona es mi hijo, mi esposo, mi amiga; porque una persona envidiosa siempre quiere apropiarse el bien del otro y cuestiona:
 “Por qué el otro si y yo no?”
Por eso minimiza sus esfuerzos, ridiculiza sus intentos y a sus espaldas habla mal de la persona a la que envidia:
“A él se le dio todo fácil; ella, porque tiene marido; o ella porque no lo tiene”.
Siempre una palabra para dañar, sin ver que esa palabra es puñal en la boca del celoso, y también para el envidioso, a quien dice amar más.

Si este es tu problema, descubre que existe un antídoto para los celos, un antídoto para la envidia: Recordar que todos formamos parte de un plan divino y que ese plan divino no hay parches ni sobrantes y que tu logro es mi logro, tu anhelo es mi anhelo, y que tu sueño forma parte de mi sueño. 
“Todos somos Uno “

En lugar de anhelar lo que tiene otro, acepta que en realidad anhelas algo como lo de él, pero no necesitas dañar o destruir, y si ves que a alguien le tiene preferencia o deferencia, busca el bien de esa razón. Si tus celos y tu envidia son producto simplemente de inconciencia, perdona, abraza a tu niño interior y sigue adelante; no te quedes estancado, enconado en el odio y sufrimiento que generan los celos y la envidia.
Los celos y la envidia destruyen,  hacen mayor el sufrimiento e infinita la soledad.

Dra. Raquel Levinstein

Compartido por Almalú del Blog: ESPIRITUALIDAD




EL ENVIDIOSO.

Magnífico manzano en el corral de un clérigo crecía.
Un vecino, de envidia se moría ...
viéndole tan fecundo y tan lozano:
él ni manzano ni corral tenía.
Y ya que de otro modo
no supo desfogar su encono fiero,
arrojaba al frutal desde un granero
el desperdicio de su casa todo,
haciendo del corral estercolero.
Bien ensució el ramaje;
mas la lluvia a su tiempo le limpiaba,
la tierra con la broza se abonaba,
y el resultado fue del ruin ultraje
que más fruto y mejor el árbol daba.

Más útil que nociva
es la gente mordaz que tanto abunda,
pues hace con su rabia furibunda
que el íntegro varón más cauto viva,
y más pronto a sus émulos confunda.

Juan Eugenio Hartzenbusch

Lección / Moraleja:
Las malas acciones inducidas por la envidia y los malos sentimientos siempre provocan reacciones todavía peores hacia los que las indujeron..

jueves, 29 de junio de 2017

El Diploma


Mi antiguo molino, en la pequeña aldea de los Pirineos, tiene una hilera de árboles que lo separa de la hacienda cercana. Un día apareció el vecino. Tendría unos setenta años. Lo veía trabajar con su mujer en la labranza, y me decía que ya era hora de que descansaran.

El vecino, muy amable, dijo que las hojas secas de mis arboles caían en su tejado, y que yo tenía que talarlos.

Me quedé muy sorprendido: ¿cómo es posible que una persona que se ha pasado la vida en contacto con la naturaleza quiere que destruya algo que tardó tanto en crecer, simplemente porque, dentro de diez años, eso puede causarle un problema a sus tejas?

Lo invito a un café. Le digo que me hago responsable, que si algún día esas hojas secas (que serán barridas por el viento y el verano) le causan cualquier daño, yo me encargaré de mandar construir un tejado nuevo. El vecino responde que eso le da igual: él quiere que tale los árboles. Me enfado un poco; digo que prefiero comprarle la hacienda.

-Mi tierra no está en venta –responde.

-Pero si con ese dinero podría comprarse una casa excelente en la ciudad, vivir allí el resto de sus días con su mujer, sin enfrentarse a inviernos rigurosos y cosechas perdidas.

-La hacienda no está en venta. Nací y crecí aquí, y estoy muy viejo para mudarme.

Sugiere que venga un perito de la ciudad a evaluar el caso y que decida él. A fin de cuentas, somos vecinos.

Cuando se va, mi primera reacción es acusarlo de insensibilidad y falta de respeto hacia la Madre Tierra. Después, me pica la curiosidad: ¿por qué no aceptó vender la tierra? Y antes de que termine el día, entiendo que su vida sólo tiene una historia y que no quiere cambiarla. Irse a la ciudad significa también sumergirse en un mundo desconocido, con otros valores, que tal vez mi vecino se considera demasiado viejo para aprender.

¿Le sucede eso sólo a mi vecino? No. Creo que le sucede a todo el mundo: a veces estamos tan apegados a nuestro modo de vida, que rechazamos una gran oportunidad porque no sabemos cómo utilizarla. En su caso, su hacienda y su aldea son los únicos lugares que conoce, y no le merece la pena arriesgarse. En el caso de la gente que vive en la ciudad, piensan que hay que obtener un título universitario, casarse, tener hijos, conseguir que los hijos obtengan también su título universitario, y así en adelante. Nadie se pregunta: “¿puedo hacer algo diferente?”

Recuerdo que mi barbero trabajaba día y noche para que su hija pudiese acabar el curso de sociología. Ella terminó sus estudios, y después de llamar a muchas puertas, consiguió un puesto de secretaria en una empresa de cemento. Aun así, mi barbero decía, orgulloso: “mi hija tiene un título.”

La mayoría de mis amigos, y dos de los hijos de mis amigos, también tienen un diploma. Eso no quiere decir que consiguieran trabajar en lo que querían, sino al contrario. Entraron y salieron de una universidad porque alguien, en una época en que las universidades eran importantes, decía que para ascender en la vida hacía falta tener una carrera. Y así fue cómo el mundo dejó de tener excelentes jardineros, panaderos, anticuarios, escultores, escritores. Tal vez va siendo hora de revisar eso: son los médicos, ingenieros, científicos, abogados, quienes tienen que realizar un curso superior. Pero, ¿acaso todo el mundo tiene que hacerlo?

Dejo que los versos de Robert Frost den la respuesta:
“Dos caminos se bifurcaban en un bosque, y yo, yo tomé el menos transitado y eso hizo toda la diferencia."

Para terminar la historia del vecino: vino el perito y, para mi sorpresa, mostró una ley francesa que obliga a que todo árbol esté plantado a un mínimo de tres metros de la propiedad ajena. Mis árboles estaban a dos metros, así que tuve que talarlos.

Paulo Coelho

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