Piensa

La vida es corta para levantarnos por la mañana con tristezas, nadie dice que será fácil, sólo te puedo asegurar que valdrá la pena

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Navidad 2020



"La Navidad es el día que une todos los tiempos"
Alexander Smith 


Estamos en tiempo de Navidad,  siempre ha sido un tiempo para celebrar,  de reflexionar sobre el año que termina, de buenos propósitos,  de estar con la familia y los amigos, en una palabra fraternizar. 
Al menos esto era así hasta ahora. La "nueva normalidad" con el aterrizaje del Covid ha dado paso a otro tiempo  y ha trastocado nuestra vida y nuestras costumbres en todos los aspectos. Nos ha separado de los nuestros. Nos queda eso sí reflexionar... 
Infinidad de personas  que se traducen en números  salvo en los que los hemos perdido,   ya no estarán con nosotros para celebrar esta Navidad, y muchos aún están padeciendo en sus carnes los efectos del virus. Para todos y cada uno mi recuerdo y  cariño
Pero siento que es momento de mirar hacia adelante.  Me animo a pensar de que saldremos, claro que sí, saldremos con sentimientos renovados y ganas de construir un mundo mejor, diferente, en donde las manifestaciones exteriores de la Navidad enciendan en el corazón la llama de la esperanza y nuevos sentimientos de fraternidad  hacia todo lo que nos rodea. Este sería nuestro mejor regalo

                                                   ¡FELIZ NAVIDAD!

Algunas frases de escritores que han dejado sus reflexiones sobre la Navidad 

"La  Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente. Valorar la paz y la generosidad y tener merced es comprender el verdadero significado de Navidad" Calvin Coolidge

"Las únicas personas realmente ciegas en la época de Navidad son las que no tienen la Navidad en su corazón". Helen Keller

"Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año" Charles Dickens 

"¡Feliz, feliz Navidad, la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar!" 
Charles Dickens 

"La navidad no es una fecha; es un estado en la mente" Mary Ellen Chase 

"Cuando llegue el día de Navidad, nos viene el mismo calor que sentíamos cuando éramos niños, el mismo calor que envuelve nuestro corazón y nuestro hogar". Joan Winmill Brown

"Ojala pudiésemos meter el espiritud de navidad en jarros y abrir un jarro cada mes del año"
Harlan "Miller 

"La  Navidad es la temporada para encender el fuego de la hospitalidad en el salón, y la genial llama de la caridad en el corazón" Washington Irving 

" No existe la Navidad ideal, solo la Navidad que usted decida crear como reflejo de sus valores, deseos, queridos y tradiciones" Bill McKibben 

"Bendita sea la fecha que une a todo el mundo en una conspiración de amor" Hamilton Wright Mabi

"Aunque  se pierdan otras cosas a lo largo de los años, mantengamos la Navidad como algo brillante. Regresemos a nuestra fe infantil "  Grace Noll Crowell 

"La navidad agita una varita mágica sobre el mundo, y por eso, todo es más suave y más hermoso"
Norman Vicent Peale

"Regalos del tiempo y el amor son sin duda los ingredientes básicos de una verdadera  Navidad." 
Peg Bracken

miércoles, 9 de diciembre de 2020

La caída de las hojas




La caída de las hojas

He leído unos cincuenta mil poemas y novelas que hablan de la caída de las hojas
he contemplado cincuenta mil películas que muestran la caída de las hojas
he visto cincuenta mil veces la caída de las hojas
hojas caídas arrastradas marchitas
he escuchado cincuenta mil veces su rumor muerto bajo mis zapatos
entre mis palmas y la yema de mis dedos
sin embargo encontrarme con la caída de las hojas siempre
me conmueve
sobre todo las hojas caídas en los bulevares
sobre todo si son hojas de castaños
sobre todo si pasa algún niño
sobre todo si hace sol
sobre todo si ese día he recibido una buena noticia de un amigo
sobre todo si ese día no me oprime el corazón
sobre todo si creo que mi amor ese día me ama
sobre todo si un día así estoy a gusto con los demás y conmigo mismo
encontrarme la caída de las hojas siempre me conmueve
sobre todo las hojas que caen en los bulevares
sobre todo si son hojas de castaños.

Nazim Hikmet

martes, 1 de diciembre de 2020

Pasitos Cortos cumple 12 años


Casualmente gracias a Facebook me he enterado que hoy hace 12 años empecé  mi aventura en el mundo de los blogs. El año pasado también se me olvidó el cumpleaños.  

Ahora estos pasos se han hecho mucho más largos ya algunos de los poseedores de estas botitas ya van   a la Universidad.  ¡El tiempo ha volado sin sentir!

"Pasitos Cortos" es la madre de mis otros blogs. Mi afán de ordenar y estructurar y manías de perfeccionista convirtieron este blog en tres más "PARA NO MEZCLAR" y en menos de seis estaban funcionando el blog de cocina "Para Hincar el diente" , el de viajes "Ciudadana del Mundo" y el dedicado a mis nietos "Tocando otros Palillos". 

Luego vino el enredo de Google+ y Twitter para compartirlos y que no falte de nada. 😊
Ya no os entretengo más. Solo decir que por causas ajenas a mi voluntad no publico como antes. Mi tiempo es limitado. Por ello pido perdón por no comentar en vuestros blogs como me gustaría.
Vendrán tiempos mejores.
MIL GRACIAS A TODOS LOS QUE HABÉIS PASADO POR AQUÍ EN ALGÚN MOMENTO, Y A LOS QUE AÚN ME VISITÁIS. A TOD@S MI AGRADECIMIENTO.


A continuación os dejo mi primer post como blogger (1-12-2008)  "Today"



Ayer en la sobremesa mi yerno me dijo:
-" ¿Oyes Katy por qué no te creas un blog?" Y ante mi cara de sorpresa añadió:
-"Es muy sencillo"
La verdad sea dicha : No se me había pasado por la cabeza semejante idea, "Never", porque no sabía que un particular podía tener un blog.
¿Y que hay que hacer pregunté?
- Tienes que entrar a blogger y crearte un blog con un nombre. Escribes sobre algo que te guste y los demás tienen la oportunidad de comentar.
Así fue como entró el gusanillo y picó mi innata curiosidad . Un par de tardes después sin pensármelo dos veces me lance al ruedo a probar. Igual podía ser algo divertido pensé. Por probar no pasa nada me dije animándome.
¡Cuanto lío hasta llegar a estas letras! Cuantas preguntas, que si configuración, que si diseño, y no  me resultó sencillo para nada. Aparentemente me he aclarado y parece que está funcionando.
Y aquí estoy, sin saber muy bien para qué, ni por donde voy a empezar. Tal vez tenga algo que decir, que aportar y  que pueda interesar si consigo ordenar el caos de pensamientos que circulan en estos momentos por mi cabeza.

De lo que si estoy absolutamente segura es que me servirá a mi, para plasmar  mis rollos mentales, publicar recetas, o escribir alguna que otra poesía cuando esté inspirada. Uff...
Desde niña he escrito un diario, hasta que se caso la última de mis hijas, luego en papeles, y de cualquier manera he desahogado mis enfados o comentado alguna alegría.
Como al ordenador tampoco le hago ascos, me encanta navegar y bucear por Internet, (tengo hasta una página en Facebook en la que no entro) intentaré aplicar mis casi nulos conocimientos informáticos y espero aprender sobre la marcha mientras le doy a la tecla en vez de seguir garabateando notitas sobre un papel.
Hoy día uno de diciembre ya he escrito algo. ¡¡¡¡A ver si consigo encontrarlo!!!
¡¡¡Pues parece que no, se ha borrado todo !!!

Da igual esta entrada recoge mi preocupación y futura ocupación. Por algo hay que empezar. 
Suerte Katy


Pasitos Cortos cumple un año :  9.000 visitas

Pasitos Cortos a día de hoy ha tenido casi  900.000  visitas
Comentarios 17.500
1095  Entradas o post 

martes, 25 de agosto de 2020

El Covid 19 cambió nuestras vidas.


El Covid 19 cambió nuestras vidas sin duda alguna.

Al margen de lo más duro y que tardaré en asimilar y superar es la pérdida de la que fuera mi pareja y compañero durante 52 años en un abrir y cerrar de ojos. Una vida que se suma y se sigue sumando a esas cifras de las que no se para de hablar y cuya pérdida lloran sus familias y amigos a quienes también el Covid arrebató a sus seres queridos.

Al principio todos eran números, pero la pandemia iba creciendo a lo largo y ancho del Planeta ante los esfuerzos inimaginables de muchas personas que trataban de evitarlo hasta la extenuación. Ahora amenaza con volver y desde marzo no se habla más que del virus que ocupa prácticamente las 24 horas, menos las que dedicamos a dormir.

Yo también superé el virus y afortunadamente salí adelante sin esas graves secuelas que deja tras de sí “Éste bicho” como lo llaman algunos que se instaló entre nosotros y que hasta el momento no sabemos cómo quitárnoslo de encima.

Científicos, investigadores, gobiernos y sanitarios están intentando dar una respuesta eficaz, pero nada se resiste a su mortífera guadaña que sigue acechándonos en cualquier rincón del Planeta.

Cerró fronteras, ciudades, bancos, negocios hogares, colegios, gimnasios, estadios, restaurantes, vacaciones y arrasó con todo lo que pudo llevarse por delante. Nada ni nada esta está a salvo. Tras de sí deja un reguero de dolor, preocupación e inseguridad por un futuro incierto lleno de interrogantes. Todo son conjeturas y suposiciones para defendernos, pero la realidad es que no tenemos nada claro.

El día a día con mascarillas, alcohol, interminables colas, quejas y mal humor nos suman en una especie de histeria colectiva que acaban con la paciencia del más santo.

Desde todas las instituciones nos invitan, nos piden ser ciudadanos responsables y para ello solo podemos mirarnos atemorizados, saludarnos con codazos y tratar de mantener la distancia que no siempre se puede.

¡Que si nos cambió la vida!

Nos estamos volviendo hipocondríacos y muchos vemos peligro y enemigos por todas partes. Pero el enemigo es uno y se llama Covid 19 y es invisible.

Creo que necesitamos ejercitar la paciencia, la solidaridad, la creatividad, mirar el futuro con fe y arrimar el hombro todo lo que podamos. El Quejarnos de poco sirve y ser positivos puede ayudarnos a estar menos perdidos.

El buen humor, difícil de practicar por otra parte es indispensable. Hoy haciendo mi caminata diaria me arrancó una sonrisa un camarero que servía en una de las muchas terrazas con su mascarilla, que junto al café y las tostadas portaba un bote enorme de gel hidroalcohólico.

Una realidad que si hace medio año nos lo vaticinan nos habríamos reído sin parar. Todo muy surrealista.

lunes, 10 de febrero de 2020

"Del martini al meconio"


Me atrevo a confesar mi ignorancia. No había leído nada suyo, aunque si había oído sobre él. Ahora  al aparecer en los diversos medios y redes su  muerte y su difusión, así como este  hermoso artículo sobre la paternidad escrito por él, he querido hacer eco del mismo y dejarlo de recuerdo en mi blog. DEP

"Del martini al meconio"

Oí decir que las mujeres viven la maternidad desde que se quedan embarazadas. Pero que, para asumir la paternidad, los hombres necesitan ver al niño ya nacido. De hecho, algunos no lo aceptan ni aparecen hasta que el chaval gana su primer Roland Garros. Algo hay de cierto.
Durante el embarazo de Romina, cuando nos hacíamos la broma de que por fin tenía una novia con más barriga que yo, ella hablaba a alguien que todavía no existía, le ponía música clásica para sosegarlo, acercaba el vientre al televisor para comprobar si reaccionaba a los goles, y hasta creía que las patadas eran una suerte de código morse que permitía la comunicación. En cambio, yo hacía planes de viajes para los meses siguientes y luego me sentía culpable por no haber recordado que para entonces estaríamos anclados por un recién nacido que, a diferencia de las plantas, no podría confiarse a alguien que lo regara.
Romina había hecho una mutación psicológica de la que emergieron una determinación a la espera y cierta trascendencia más allá de sí misma, de las pequeñas miserias personales que ya no importaban. Yo me hacía el remolón para paladear todavía un ratito la más infantil concepción de la libertad: aquélla según la cual ninguna decisión afecta a nadie salvo a uno mismo, aquélla en la que puedes declararte disponible para lo que venga, para los tam-tams que llaman a lo azaroso. Un hijo es decir no y quedarte cuando antes decías sí y te ibas. Aún tenía que descubrir que de semejante fijación saldría una mejor versión de mí mismo: cimiento sobre el cual proyectar cosas que perduren.
Tampoco ver nacer a Luca me bastó para sentirme padre. No inmediatamente, al menos. Las contracciones comenzaron a las cuatro de la mañana. Y, en vez de dejarnos arrebatar por el zafarrancho de parto, calculamos por los minutos transcurridos entre una y otra que aún podíamos dormir en vez de abocarnos a esperar en el ambiente hostil, gélido, de una sala de hospital.
Ya allí, Romina aguantó el dolor como si le hubieran dado un trago de whisky y un trozo de cuero para morder durante la extracción de una bala en un western. En el paritorio, ubicado detrás de Romina, yo sólo pensaba en controlar las emociones ante extraños por pudor, y me fijaba en los rostros del médico, de la matrona y de las enfermeras porque creía que, si algo salía mal, alguna expresión torcida les delataría.
Vi los fórceps, como una prótesis de Robocop, y pensé en eso: en que parecían una prótesis de Robocop, no en que pudieran dañar al niño. "Es muy rubito", dijo alguien. Y entonces apareció Luca, amoratado, con la cara arrugada y aplastada como la de un cachorro de Shar Pei, pero no me sentí padre.
Me lo pusieron en los brazos, lloroso, y le busqué defectos, mutilaciones, manchas con la forma de Australia o del ratón Mickey, pero no me sentí padre. Lo tuvo Romina cobijado en el pecho, le habló en un tono amistoso, ligero, sin excesos emotivos, y no me sentí padre. Desfiló por la habitación toda la familia buscándole parecidos, y no me sentí padre. Le pusieron manoplas para que no se arañara y un gorrito para que no se enfriara, mamó por primera vez, y no me sentí padre. Hice infinidad de llamadas para dar la noticia, muchas de ellas a la Argentina, y no me sentí padre. Llegaron flores, compré hamburguesas en un Vips y una tarjeta para el televisor, me trajeron una bata y un neceser para pasar la noche, confirmé al periódico que cubriría la sesión parlamentaria dos días después, y no me sentí padre.
Me sentí padre por primera vez cuando, ya desaparecidas las visitas, oscurecido el día, vinieron para llevarse a Luca al nido. Una enfermera empujó su cuna y, como debía entrar en otra habitación para recoger a otro recién nacido, dejó a Luca solo, abandonado en mitad del pasillo, a merced de cualquier orco o leopardo que pasara por ahí. Y fue esa indefensión del niño incapaz todavía de reñir sus peleas, de mi hijo, la que avivó un hondísimo instinto de protección por el que me abofeteó el descubrimiento de que era padre. Me enteré yo, y también la enfermera que a altas horas de la madrugada hubo de explicar a un tipo en bata que no hacía falta que montara guardia en la puerta del nido, "no hay orcos, no hay leopardos, y usted también debe descansar".
El primer mes en casa de un recién nacido es un excelente motivo para preguntarse dónde está Zihuatanejo, aquel pueblo mexicano donde el Tim Robbins de Cadena perpetua creía que nadie le buscaría jamás. La situación no sería tan estresante si no incluyera la obligación de mantenerlo vivo. Cada tres horas, suena el llanto de una alarma como la de la cuenta atrás de Lost.
Se acabó dormir, para siempre, porque incluso en los meses siguientes uno descubrirá que no es ya capaz sino de un sueño superficial, de garita, que permita atender el llanto. Hoy en día, incluso cuando duermo a cientos de kilómetros de Luca, salto en la cama si rechina la bisagra de una puerta en otra planta del hotel. Para las parejas primerizas, la experiencia sólo puede acarrear dos consecuencias: o las destruye, o las amarra con ligazones nuevas, más fuertes que las anteriores, cuando quererse consistía en esperarse delante de un cine o en decir qué guapa estás antes de salir a cenar, y no en aprender juntos a introducir un supositorio en el culo de un bebé al que torturan los cólicos y el estreñimiento mientras el reloj avisa de que apenas faltan unas horas para ir a la oficina.
Quién nos habría dicho que los dedos de sostener Dry Martinis acabarían manchados de meconio, y que no importaría, que no habría por ello nostalgias de otra vida. Quién nos habría dicho que el sosiego repentino de un niño insomne que se acurruca junto a tu piel entregándose contendría muchas más emociones que todos esos viajes postergados, que todas las promesas del tam-tam. Y así, con cada expresión nueva descubierta en su rostro, con el primer paso, la primera sonrisa, sus primeros brazos tendidos en bienvenida cuando llegas a casa, las primeras veces que es capaz de jugar y de reír a carcajadas una gracia.
Y no sigo porque ya dije que el pudor me impide sentir ante extraños, y ustedes lo son.
Hay hombres impermeabilizados a los que no cambia una experiencia intensa. No soy uno de ellos. Luca me ha cambiado, ha espantado ansiedades y búsquedas heredadas de los afanes encontrados en las lecturas. No me importa sentir que para mí ya es tarde para muchas cosas, porque las hará él y, por delegación, las haré a través de él. Salgo de las librerías con colecciones completas de Corto Maltés, de Astérix, de Tintín, que permanecerán un tiempo largo empaquetadas, hasta que él pueda hacer sus primeros descubrimientos de lector. Me preparo para sus preguntas, me esfuerzo por ser mejor, excelente, por si acaso en el futuro le da por tomarme como ejemplo.
Encima se me parece muchísimo, por lo que veo en él un yo sin estropear, con todas las posibilidades intactas, que me ha prolongado el ciclo vital como si mi resurrección ya hubiera ocurrido. Siento admiración anticipada por el espectáculo que será su juventud, por los mínimos esbozos de personalidad que me permiten intuir en él a un tipo que vivirá con gozo y al que ya tengo ganas de contarle cuánto de hermoso le aguarda.
Que salga a vivir, algún día, sabiendo que cualquier rescate estará a tan sólo una llamada de teléfono. Que sea un hombre con códigos del que nadie pueda decir que falló como amigo. Ya iremos viendo todo eso. Ya lo iremos hablando. Lo que pido es tiempo para acompañarle al menos un trecho largo de su camino vital, como espectador y como cómplice. Porque, de todas las sensaciones nuevas que me ha inoculado Luca, la peor es la hipocondría.
Por primera vez en mi vida, temo morir.
Me siento obligado a permanecer aquí al menos 25 años más, los que él pueda necesitarme, y en eso no quiero fallarle. Mi hijo no ha de ser lo que yo fui: un adolescente enfadado con el mundo porque se le murió el padre demasiado pronto. Voy a dejar de fumar.

David Gistau

Este artículo se publicó en la edición impresa de EL MUNDO el 19/03/2010.
El escritor y periodista de EL MUNDO ha fallecido a los 49 años en Madrid

Translate