
Estos días cayó un escrito de
Pio Baroja a mis manos que me hizo pensar un buen rato sobre los políticos en general sobre los cuales yo tampoco tengo una buen opinión .
Ddesía así:
Corría el año 1904 y aquella tertulia, que había abierto el gallego Ramón María del Valle-
Inclán en el Nuevo Café de Levante, hervía por las noches con la flor y nata de los intelectuales de la Generación del 98 y los artistas más
significados, entre ellos Ignacio
Zuloaga,
Gutiérrez Solana, Santiago
Rusiñol, Mateo
Inurria, Chicharro, Beltrán
Masses o Rafael
Penagos.
Y aquella tarde noche del 13 de mayo de 1904 el que sorprendió a todos los presentes fue Pío
Baroja. Porque cuando se estaba hablando de los españoles y de las distintas clases de españoles, el novelista vasco sorprendió a todos y dijo:
“La verdad es que en España hay siete clases de españoles… sí, como los siete pecados capitales. A saber:
1) los que no saben;
2) los que no quieren saber;
3) los que odian el saber;
4) los que sufren por no saber;
5) los que aparentan que saben;
6) los que triunfan sin saber, y
7) los que viven gracias a que los demás no saben.
Unamuno y Benito
Pérez Galdós aplaudieron a
Baroja. Sobre todo por el último punto, el que dice
“los que viven gracias a que los demás no saben”. Estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”.
O sea, que ayer como hoy, y hoy como ayer, los políticos españoles nunca tuvieron buena imagen. Y añado que esto se puede hacer extensivo a todo el mundo, no solo a España aunque
Baroja hacía expresa referencia a nuestro país.
Breve biografía
Pío
Baroja y
Nessi (San
Sebastián, 28 de diciembre de 1872 – Madrid, 30 de octubre de 1956) fue un escritor español de la llamada Generación del 98. Fue hermano del pintor y escritor Ricardo
Baroja y tío del antropólogo Julio Caro
Baroja y del director de cine y
guionista Pío Caro
Baroja.
Se libró del servicio militar, que le repugnaba. En 1891 terminó la carrera de medicina en Valencia y se doctoró en 1894 en Madrid con una tesis sobre El dolor, estudio
psicofísico.
murió en 1956 y fue enterrado en el Cementerio Civil de Madrid (junto al de La
Almudena) como ateo, con gran escándalo de la España oficial, a pesar de las presiones que recibió su sobrino, el antropólogo Julio Caro
Baroja, para que renunciase a la voluntad de su tío.
Su ataúd fue llevado a hombros entre otros por dos de sus admiradores,
Ernest Hemingway y Camilo José
Cela, el uno era premio
Nobel de literatura y el otro llegaría a
serlo años más tarde. También el escritor norteamericano
John Dos
Passos declaró su admiración y su deuda con el escritor.